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Comida y Recetas vegetarianas Kosher

Si bien es cierto que parece haber evidencia que de acuerdo al diseño original del mundo, los animales estaban concebidos para servir al hombre, pero no para convertirse en su comida, tal como lo expresa el vegetarianismo, también hay que considerar que el pensamiento judaico no se puede remitir exclusivamente a la experiencia inicial, sino tomar en cuenta la totalidad de la Torá, donde se establece después del Diluvio el permiso para comer carne con las debidas restricciones en cuanto a la forma de matar, al respecto por la dignidad del animal, la prohibición de comer partes vivas y de consumir la sangre.
Sin embargo, eso no alcanza para sostener que la Torá y el libros auxiliares de traducion hebraica como el Talmud comparten con el vegetarianismo que matar a los animales es un acto inhumano y cruel. La Torá establece el comer carne como una dispensa no como una actividad deseable sino como algo que no está prohibido.

El judaísmo rechaza el sufrimiento del animal, pues un principio cardinal es el respeto por todas las criaturas y en ese sentido está prohibida también lo caza, como un deporte. A diferencia de cualquier otro sistema legal o religioso, la Torá prohíbe degollar en un mismo día un animal adulto y su cría, pues implicaría la desaparición de dos generaciones a la vez y aún cuando los animales no se dan cuenta de ello, el hombre está llamado a no ser cruel. Del mismo modo se establecen las leyes de Shejitá, de faenamiento ritual que es el que procura de la manera más rápida, la muerte con el menor sufrimiento.
Ethica y Moral: Vegetarianismo en el vida Judia

Aún cuando el comer carne y tomar vino es parte del oneg -disfrute de Shabat del espíritu de santidad y santificación de ese día, no son Mitzvot específicamente contempladas en el Código de Leyes Judías. Si alguien se siente cómodo no comiendo carne en Shabat, lo puede hacer, lo que no se puede es ayunar en ese día. Respecto a las festividades, la persona tiene la obligación de regocijarse y Maimónides sostiene que no hay alegría sin carne y vino. El Shulján Aruj no insiste en especial sobre la necesidad de comer carne, pero hay importantes autoridades que lo consideran deseable, aunque no estrictamente exigible, en ese sentido el vegetarianismo sería contrario al espíritu del pensamiento judío en las festividades, aunque no contrario a la letra de la ley.

El vegetarianismo tiene muchos beneficios para la salud, pues se consume comida fresca, sana, sin aditivos químicos o colorantes; para el ambiente no posee desechos tóxicos, no produce contaminación y además configura un ejemplo de respeto a la vida de otros seres vivos. Es indudable que ser vegetariano ha estado siempre vigente, aún desde el primer hombre. Una enseñanza más de la Torá, que no deja de sorprender por su carácter eterno. Todo pareciera indicar que el Kashrut es un tratado de nutrición, principios y respeto a otros seres vivos, que señala qué, cómo y cuándo se pueden ingerir los alimentos.

Sin embargo hay que tener en cuenta estas realidades cuando uno entra en un restaurante que se anuncia como” vegetariano”. Generalmente la sugerencia del chef es la ensalada de verduras de la huerta traídas desde Murcia. Y aquí comienza la lucha interna de algunos tanto con lo ‘organico’ como lo ‘vegetariano” para aquellos que son ‘detallistas o minuciosos”:

…. Es verdad que los alimentos orgánicos no utilizan pesticidas ni hormonas. Pero esas medidas tienen un coste. Una vaca orgánica produce un 8% menos de leche que sus amigas hormonadas, así que son necesarias 25 vacas “verdes” para dar tanta leche como 23 de sus congéneres “industriales”. Lo cual si las cuentas no fallan serían 300 kg más de metano en la atmósfera por año (ver mito número 2). Pues sí, las cuentas fallan. Porque una vaca ecológica al alimentarse de productos verdes emite un 16% más de metano. Así, la leche orgánica no solo precisa más vacas (igual a más metano), sino que cada una de esas vacas emite también más gases nocivos. ¿Y su carne? Pues tres cuartos de lo mismo. Primero, las reses que han sido cebadas hasta llegar al cielo de la carne orgánica, necesitan más tiempo para el engorde y eso significa más tiempo de polución. Y su alimentación, de acuerdo con la Organización de la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas, les lleva a producir casi el doble de metano que un ganado menos verde. Por suerte los vegetales no generan nada de este pernicioso gas. No, pero sí producen CO2. Indirectamente,es verdad, pero lo hacen. Primero los fertilizantes orgánicos generan cosechas de menor rendimiento, de modo que es necesaria más tierra. Y como son muy pocos los productores orgánicos y muchos los consumidores, los bienes tienen que viajar largas distancias en camiones con cámaras frigoríficas que emiten más CO2 por una fruta que quizás se encuentra en el mercado local y, aunque no tenga la etiqueta de orgánica, puede que sea más verde que su prima.

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Anni Orekh (which translated from Hebrew means: I m an editor (Publisher) it is the online pen-name of author and Managing Director of MD Enterprises.

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